miércoles, diciembre 13, 2006

CALDERON-GORDILLO

Raymundo Riva Palacio
Analista político

Distrito Federal— No son pocos quienes, vistos los nombramientos en el gobierno de Felipe Calderón, consideran que la maestra Elba Esther Gordillo recibió un buen pago por sus servicios electorales. La líder logró, al persuadir al electorado de no votar por Roberto Madrazo, sumar en el norte a los gobernadores y aparatos políticos priístas a Calderón y entregarle votos importantes para derrotar a Andrés Manuel López Obrador. Éste no quiso recibirla para evitar forjar una alianza previa a las elecciones federales, porque no deseaba arrastrar con ella compromisos que, moralmente, le costaran demasiado. Calderón sí lo hizo, y los compromisos adquiridos con la dueña del magisterio sindical los ha pagado en retazos. Y, ciertamente, a un precio muy inferior a lo que había exigido la maestra chiapaneca, quien no debe estar tan contenta como podría suponerse.

A la maestra no le fue mal, en términos llanos, pero está lejos de haber concretado sus ambiciones políticas. Por más esfuerzos que hizo hasta el último momento, Elba Esther Gordillo fracasó en sus ambiciones de control político dentro del equipo de primer nivel en el gobierno de Felipe Calderón. Su convicción de considerar que el presidente le debía buena parte de su victoria el 2 de julio, chocó con la realidad del diagnóstico dentro del equipo del vencedor.

Una persona muy allegada a Calderón dijo en una de las reuniones del grupo más cercano: no le debemos nada a ella; lo hizo por supervivencia propia. Es decir, consideraban, si ganaba la elección Madrazo, que la odia políticamente, su suerte estaba echada; si ganaba López Obrador, que la desprecia políticamente, también.

Pero ella no se daba por vencida. Mandó emisarios a transmitir el mensaje de que su relación con Calderón era óptima y que todas las versiones de una ruptura en la alianza electoral eran suposiciones sin fundamento. Más aún. En una magna reunión con profesores, la líder de facto y sempiterna anunció que estaba negociada su llegada al poder. Dos secretarías de Estado, una subsecretaría, las direcciones de dos paraestatales y Conaculta serían para sus cuadros. ¿Alguien dudaba de su influencia?

Para su alfil, Benjamín González Roaro, sería la Secretaría de la Función Pública, y para su escudero, Miguel Ángel Yunes, la de Seguridad Pública, anticipó. Su yerno, Fernando González, iría a la importante Subsecretaría de Educación Básica. Para Tomás Ruiz, que tanto le ayudó cuando fue líder efímera de la bancada del PRI en la antepasada legislatura, el ISSSTE –que necesita una reforma financiera a fondo-- o Nafin. También recibiría la Lotería Nacional, donde colocaría a Francisco Yánez, célebre en la política mexicana desde que publicaron unas fotos de él, siempre detrás de la maestra, siempre con un maletín negro que, afirmaban, estaba repleto de dinero, y como adjunto a Ramón García, quien salió por la puerta de atrás de la misma dependencia cuando ocupó ese cargo en la administración de Carlos Salomón. Para Conaculta deseaba a un cercano de su viejo amigo Jorge Castañeda, Sealtiel Alatriste, de fama mundial por el dispendio realizado en su paso como diplomático de ocasión en Barcelona.

La maestra celebraba anticipadamente, pero en la semana previa al anuncio del gabinete, las señales dejaron de ser promisorias. El último miércoles de noviembre tenía que cerrar la negociación que había tenido con Calderón una semana antes, pero esa reunión no se dio.

Para entonces, Tomás Ruiz había quedado en el camino. Nada para él en el gobierno, por lo que la maestra lo rescató para presidir el Partido Nueva Alianza.

González Roaro veía cómo se iban alejando sus posibilidades. Si ya no iba a la Función Pública, planteó la maestra, entonces que lo acomodaran en el Seguro Social. Tampoco se dio. Calderón lo tenía reservado para uno de los suyos, y el ex director del ISSSTE se tuvo que quedar a presidir la Comisión de la Función Pública en la Cámara de Diputados, donde llegó con la bandera del PAN. Quedaba Yunes.

Una semana después de una reunión de la maestra con Calderón, en un lugar privado, el principal consejero presidencial, Juan Camilo Mouriño, habló con Yunes. Seguridad Pública no, le dijo, pero el ISSSTE sería para él. El veracruzano declaró a la prensa que él deseaba la primera, pero que si le daban la paraestatal, se sentiría bien servido.

No obstante, durante días y hasta la víspera del anuncio del gabinete de Seguridad, Yunes presionó en la casa de transición para quedarse con el cargo. No hubo marcha para atrás. Se quedó en el ISSSTE, que no había querido Campa por el problema que significaría la reforma financiera. Para el ex candidato presidencial de los maestros hubo un gran premio: la Secretaría Técnica del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que había ocupado Yunes en el sexenio anterior.

El cargo es muy importante y controla las partidas presupuestales en la materia. Campa tendrá que ser ratificado, por ley, por todos los gobernadores en enero próximo.

El parche de Alatriste se desplomó fácilmente sin que la maestra alcanzara reintegro en ese campo. ¿Le concretarán los otros tres cargos que le habían dejado en la parte final de la negociación? Su yerno está completamente seguro de que la Subsecretaría de Educación Básica será para él, y está fanfarroneando que operará en forma autónoma de la secretaria Josefina Vázquez Mota y del sindicato de maestros.

Es imposible que él, uno de los mejores ejemplos de conflicto de interés en este gobierno, donde será cantinero (funcionario) y borracho (protegido de la líder magisterial) al mismo tiempo, se maneje con esos rangos de libertad de los que se ufana. Todavía no sale ese nombramiento, como ninguno en Educación Pública, así como tampoco ha salido el de la Lotería Nacional para Yánez, quien carga además con una mala fama de cuando manejó el sistema de vivienda en el ISSSTE, y García, quien apesta, administrativamente hablando, lo que no es ninguna señal de que se vayan a caer. A estas alturas sería poco probable que esas posiciones se le retiraran a la maestra, quien aunque no obtuvo todas las que esperaba, tampoco fue ignorada por Calderón.

Las aspiraciones de la maestra como el gran factor de su victoria electoral no fueron correspondidas en la medida de sus ambiciones.

No obstante, le pusieron en las manos el dinero para la seguridad pública, que no es en absoluto algo menor, y le dieron una caja chica, si se ratifica lo de la dupla Yánez-García, para lo que sea necesario. Calderón le entregó poder político, pero muy acotado, y a cambio le mantuvo sus viejos territorios de dominio: el ISSSTE y la Lotería Nacional.

No le fue del todo mal a la maestra Gordillo, pero para alguien que piensa que su peso es oro político con filetes de diamantes, lo conseguido quedó lejos de sus expectativas.

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